
Todas vuelven
malditas, desesperadas,
infames
se paran frente a mi
y me clavan la mirada
como si con eso pudieran
penetrar mi pecho
y succionarme la vida.
Me dicen vociferando
“Ey muchacho
dame eso que te sale de las manos
que hiela los sentidos
que te parte el alma
en 666 pedazos
y luego los vuelve a unir.
Por eso vinimos
por esos Versos
en papel manteca,
por tu saliva,
por tus dedos húmedos
y grasientos
Tocándonos las nalgas”.
Hoy no
les digo
estoy algo borracho
y tengo un frasco de Valium
esperando en el baño.
Si para mañana estoy despierto
y lejos de una caja de madera
mal clavada
encerrada bajo tierra,
puede que les escriba un poema
y fumemos un cigarrillo,
desnudos,
sobre esta cama
después de hacer el amor
al mediodía.